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miércoles, 26 de enero de 2011

Las mejores navidades de mi vida


Era una noche fría de diciembre, toda la familia estaba reunida como de costumbre en el salón para cenar. Todo parecía transcurrir con normalidad excepto cuando mi padre nos miró a todos de una manera muy misteriosa, dándonos a entender que tenía algo muy importante que decirnos.

Mi padre es un hombre de 45 años, muy robusto, de piel morena, con los ojos de un color verde clarito y el pelo aunque lo tenía teñido de negro debido a las canas que le habían salido con el paso del tiempo era de color castaño claro. Todo excepto mi hermana que normalmente cuando está cenando no parece que esté en la mesa ya que se queda atontada mirando la televisión, se quedaron extrañados, como con ansias de saber lo que se le pasaba a mi padre por la cabeza en ese momento. Mi hermana apartó segundo después la mirada de la televisión y se centró toda ilusionada en el rostro de mi padre. Mi madre llena de curiosidad le preguntó que de que se trataba, y él le contestó:

- En esta última semana he estado preparando unas vacaciones en Galicia, no sabía si ese era el lugar más indicado para pasar las navidades, pero pensé que así podríamos pasar junto a tu familia de Galicia.

- Claro que es el lugar más indicado, es la mejor idea que has tenido en mucho tiempo cariño. Le contestó mi madre.

El vuelo rumbo a Galicia saldría el Miércoles 22, así que teníamos tan solo dos días para preparar todas las cosas, comprarnos ropa un poco más abrigada y comprarle algunos regalos a la familia.

Llegó ese esperado 22 de diciembre, era las dos de la tarde cuando pisamos el aeropuerto de Galicia después de tres largas horas en el avión. Tras salir del aeropuerto directamente nos dirigimos rumbo a casa de mi tía Inés, una chica de 25 años, muy cariñosa, morena, alta y con los ojos marrones. Todos estábamos entusiasmados por ver a la familia, ya que hacía cerca de 5 años que no los veíamos. La verdad es que yo aún no me lo creía, eran las primeras navidades que pasaríamos junto a la familia de Galicia, siempre acostumbrábamos a cenar con la familia de Canarias, pero eso en verdad ya cansaba un poquito porque siempre eran las mismas caras y las mismas cosas, así que el hecho de pasar unas navidades fuera era lo mejor que nos podría haber pasado.

Por fin llegó ese tan esperado momento, según nos acercábamos a la puerta dónde vivía mi tía Inés, los íbamos viendo cada vez más cerca, hay en la puerta de color blanco esperándonos junto a mis dos primos Rubén y Miguel de tan solo 7 y 9 años. Las ganas de que mi madre aparcara el coche para poder salir corriendo y abrazarlos era cada vez más intensa.

Tras transcurrir ese tan esperado día estábamos demasiado cansados porque no habíamos parado de hablar con ellos y de visitar sitios bonitos de Galicia. Mis primos no me dejaban ni un segundo quieta, ya que eran aún muy niños y les encantaba jugar.

Todos sabíamos que pasaríamos con ellos el 24 y 25 de diciembre pero que el 26 ya tendríamos que volver a casa para pasar el año nuevo con la familia de Canarias. Todos estábamos ilusionados preparando la cena de navidad, los niños inflaban los globos, los mayores preparaban la cena y yo junto a una nueva amiga que hice en Galicia preparábamos la mesa.

Si, en tan solo dos días conocí a muchas personas, en especial a Marta, una chica de mi misma edad, 15 años, rubia, de piel muy blanquita y con los ojos azules. En poquísimo tiempo cogimos mucha confianza, ya nos considerábamos buenas amigas, así que le pedí a mi familia que pudiese pasar el día de navidad con nosotros ya que no tendríamos mucho tiempo para estar juntas.

Tras preparar la mesa de navidad se nos ocurrió ir a comprar petardos para después de la cena tirarlos. Mientras íbamos a la tienda de la otra calle ocurrió un percance. Resultó que notábamos como que algo nos seguía, pero mirábamos para todos los lados y no veíamos nada, así que no le dimos demasiada importancia. Según salíamos de la tienda después de haber comprado los petardos junto a un par de golosinas, nos dimos cuenta de que justo cuando salíamos algo salió corriendo, no sabíamos que era pero nos picaba la curiosidad por saber que era. Fuimos rumbo a donde habíamos visto desaparecer esa cosa tan extraña, mi amiga estaba un poco asustada porque podría ser lo mismo que nos estaba siguiendo y no sabíamos si era una persona o que era. Segundos después nos dio la risa floja cuando nos dimos cuenta de que lo que nos había estado siguiendo y que lo que tanto miedo le daba a Marta era un simple gatito blanco, seguramente abandonado, ya que parecía tener mucho frío y miedo.

Cuando llegamos a casa junto con el gatito llamado ya por nosotras Miau nos dio miedo enseñárselo a mi familia por si nos mandaba a echarlo a la calle por el hecho de que mi madre odiaba a los animales, así que lo escondimos en el coche para que aún no lo vieran.

La cena de navidad estuvo genial, todos bailábamos, los mayores bebían y mis primos no paraban de inventarse juegos y más juegos para que todos jugáramos. En conclusión parece que eran las mejores navidades que había tenido, la fiesta era divertida, había conocido a mi actual mejor amiga allí y tuve una mascota nueva ya que al final acabaron descubriendo al gatito en el coche, pero nos dijeron a mi hermana y a mí que nos lo podíamos llevar a casa.

Llegó la hora de irnos, se nos había hecho demasiado cortas las vacaciones en Galicia, será debido a lo bien que lo habíamos pasado, pero ese sería el momento más triste, la despedida. Por un lado estábamos nosotros llorando, por otro lado mi tía, mis primos y mi tío que justo al irnos vino él de su largo viaje de negocios, así que no pudimos conocerlo demasiado, y también por otro lado Marta. Ella me había dicho el día ante que no sabía si iba a ir a despedirse porque aún no se hacía la idea de que me fuera tan pronto, pero al final fue, me alegre mucho al ver que estaba hay, llorando pidiéndome que no me fuera, pero no se podía hacer nada, lo único que pudimos hacer es llegar al acuerdo de que el fin de año viniera ella a Canarias para pasarlo junto a mi y mi familia, la verdad la idea le pareció genial. Y así fue, pasemos juntas otro de los mejores momentos de nuestras vidas.

jueves, 20 de enero de 2011

Mi sueño hecho realidad


Hace algo más de dos años, mi prima había ido a Irlanda, como todos los años. Allí conoció a una familia irlandesa de lo más encantadora. Tano era así que justo antes de salir el avión con destino a Lanzarote, Betty, la mujer de la casa, volvió a repetirle a mi prima por décima vez:

-Espero verte el año que viene aquí y te volverás a quedar en mi casa.


A las 20:00h el avión aterrizó en Lanzarote y yo estaba fuera, esperando ansiosa que saliera mi prima ya. Se había ido durante 2 meses y tenía muchísimas ganas de verla. Cuando salió por la puerta, tiró las maletas y corrió a abrazarme. De camino a casa, me contó todo lo que había vivido en Irlanda. Me dijo que la familia a la que fue este año era la mejor que le había tocado, que tenía una casa muy grande, con unos jardines inmensos, todo verde, y que en los alrededores de la casa habían praderas donde pastaban las vacas. Al contarme todo aquello, sentí unas ganas inmensas de viajar allí y verlo todo.


Me convertí en la persona más feliz del mundo cuando el 6 de enero de 2009, recibí envuelto en papel de regalo, un billete de avión a Irlanda. En ese momento me quedé blanca, si poder articular si quiera una palabra. No me lo podía creer, mi sueño hecho realidad.

El viaje estaba previsto para finales de junio, al finalizar las clases. Dos semanas antes empecé a prepararlo todo llena de emoción. Llegó el día tan esperado, y a las 10:00h estaba ya, junto a mi prima, en el aeropuerto rumbo Irlanda. La despedida a nuestros padres fue media triste, ya que estaríamos fuera 3 meses, pero el solo hecho de saber a dónde iba lo recompensaba.


A las 14:30h, habíamos aterrizado en el aeropuerto de Cork (Irlanda). La familia me recibió con un fuerte abrazo, algo que ni siquiera hubiera imaginado. Más encantadora aún de lo que había dicho mi prima. Betty era una señora mayor, bien vestida, rubia y de ojos azules como el cielo. Era una mujer encantadora, muy cariñosa y alegre. Siempre tenía esa gran sonrisa en la cara que hacían lucir sus blancos dientes.

Después de la gran bienvenida y después de un "Nice to meet you" por parte de las dos, las tres nos fuimos a casa de Betty. Allí estaba parte de la familia, esperando conocerme. Me dio un poco de vergüenza, pero cada miembro de la familia era tan encantador como Betty. Creo que ese viaje marcó mi vida por completo, ya que no solo aprendí y practiqué el idioma, sino que aprendí otras tradiciones, otra manera de vivir. Fue la mejor experiencia de mi vida y jamás podré olvidarla. Visité tantos sitios. Uno de los mejores fue la empresa Cardbury, la fábrica de chocolate. Vi cosas sorprendentes que estoy segura que jamás en la vida volveré a ver. Pude ver el proceso de fabricación de los distintos tipos de chocolate, pero lo que más me gusto fue ir probándolos todos. Estaban deliciosos. Sin duda pasé las mejores vacaciones de mi vida. Jamás me olvidaré de cada segundo vivido allí. La despedida fue muy triste, pero tenía el consuelo de que Betty iría a Lanzarote en diciembre, y que yo volvería a Irlanda en junio.


Finalmente, mi prima y yo volvimos a Lanzarote y cada año vamos de visita. Solo deseo que sea verano para ir otra vez.


miércoles, 22 de diciembre de 2010

El viaje que cambió mi vida

Juan Ignacio Perdomo Hermida


Era verano, yo, sentado en el porche de mi gran casa, observaba como los pajarillos volaban alrededor de ella. 

Esperaba a que Felisa, la sirvienta de la casa, preparara el desayuno, huevos revueltos con algas, su especialidad. 

Mientras, yo me distraía leyendo un libro que me había aconsejado mi gran amigo Raúl. Éramos amigos desde muy pequeños, desde que nacimos, como decíamos nosotros, Raúl era el típico amigo al que le contaba todo, el que lo sabe todo de ti y tú todo de él. El era alto; Delgado; Musculoso; le decían que tenia piernas de futbolista y espalda de gimnasio, su pelo era marrón claro, sus ojos marrón miel, su nariz era pequeña, su boca ni grande ni pequeña, tenía unos dientes perfectos, ya que años atrás había usado unos brackets. 

Mi vida no varió mucho durante el verano, todo cambió al llegar el invierno. 

Tuve que viajar a Francia, era un viaje de negocios, tenía que asistir a varias conferencias durante una semana. Yo era médico, aunque de pequeño quería ser profesor, cambié de idea al pararme a mirar a aquellos profesores que me habían dado clase durante mis años de estudiante, no era difícil para mí sacarme la carrera pero sabía que no iba a tener la paciencia que tenían los profesores de aquellos años.

Era invierno y  había nevado bastante, no era la primera vez que veía la nieve, tuve ocasión de verla varias veces más durante otros viajes que había hecho. 

Pasé cinco días de conferencia en conferencia, pero fue al llegar a Paris donde cambio mi vida por completo. Conocí a una joven llamada Coraline. Era una joven guapa, un poco más baja que yo, tenía unas piernas perfectas, Su pelo era rubio y largo, tan largo que le llegaba al final de la espalda, sus ojos eran grandes y verdes, su nariz era pequeña y sus labios finos.

Nos conocimos en un famoso restaurante de la capital, yo estaba cenando con unos compañeros que también habían asistido a las conferencias y ella estaba cenando con unas amigas.

Estuvimos cruzando miradas gran parte de la noche.

Salí a tomar un poco de aire a la puerta del famoso restaurante, estaba apoyado en una farola observando la Torre Eiffel, cuando de repente vi a aquella preciosa joven acercarse lenta y tímidamente hacia mí.
-Hola. Dijo la joven.
-Hola. Contesté con una gran sonrisa dibujada en mi cara.
-Qué buena noche hace hoy ¿verdad? Preguntó.
-Sí, es perfecta. Respondí yo.

Poco a poco me vi sumergido en una larga y preciosa conversación. Estuvimos hablando durante horas, quedamos para vernos antes de que volviese a España.

En esas “Citas” nos intercambiamos los números de teléfono, y quedamos en llamarnos a menudo.

Parecía que habíamos congeniado bien. 

El domingo volví a España, pero el sábado por la noche volvimos a quedar por última vez en París. En esa cita volvimos al mismo sitio donde nos conocimos, yo apoyado por segunda vez en aquella farola, y ella enfrente de mí, volviendo a intercambiar palabras hora tras hora, llegó el momento de despedirnos. Ella con cara de tristeza me miró y dijo: -Te voy a decir un secreto; yo, mirándola fijamente a los ojos, asentí con la cabeza, dándole a entender que se lo dijera sin miedo. Ella con los coloretes enrojecidos dijo: Te quiero. Yo, Atónito, aunque no por mucho tiempo respondí: yo también te quiero. Y sin más pausas nos sumergimos en un apasionado beso.

Prometimos llamarnos todos los días, y le ofrecí que se fuera a España que yo vivía solo en mi gran casa y había espacio para los dos. Ella dijo que se lo pensaría pero que seguro que iría a España de vacaciones y si le gustaba se quedaría ya que ella también estaba sola en Francia.

Ya en España, Hablé meses y meses con ella hasta llegar el verano que le invité a pasar sus vacaciones conmigo en mi casa, ella no se lo pensó dos veces y dijo que sí.

Pasó todo el verano en España, hasta que llego el día de su vuelta a Francia, yo le volví a ofrecer que se quedara en mi casa. Ella no sabía qué hacer me dijo que se lo había pasado muy bien durante el verano, estuvo unos minutos pensando y al final dijo, vale, me quedo.

Y hasta hoy después de casarnos dos años después de aquel momento y de tener tres hijos conmigo, solo ha vuelto a Francia de vacaciones.

Un secreto y una promesa

Milagrosa Malapit
Un día me desperté con la luz del sol brillando en mi ventana, bajé las escaleras rápido, vi a mi familia viendo la televisión y en especial a mi madre, una madre soltera que nos supo sacar adelante, valiente, luchadora, con una sonrisa siempre, de ojos azules como los míos y rubia. La abrasé fuerte y me dio un beso en la frente y a los 5 segundos mis hermanos mayores nos aplastaron, a mí y a mi madre, con un fuerte abrazo de oso. Por la tarde mi madre nos llevo a un centro comercial para pasar el día juntos, en donde nos sacamos fotos, jugamos, comimos, reímos... Como una familia feliz, y al caer la noche comimos palomitas viendo una película de acción que no me gustó mucho, por eso me quedé dormida en el sofá. Al día siguiente me desperté en mi cama pero no había sol, estaba lloviendo, fui al baño, me lave la cara y bajé corriendo las escaleras para abrazar a mi madre como siempre pero había un problema no estaba, sólo estaba mi hermana mayor, Alicia, una chica cerrada, graciosa, simpática y siempre sonriendo, como mi madre, mamá no está en casa está con Rubén en el hospital, me dijo con voz apagada, Rubén era el único chico de la casa y el más mayor, él era quien se encargaba de todo, era simpático, amigable y aunque era mi único hermano yo lo quería como si fuera el padre que nunca había llegado a conocer, ¿Y por qué mamá está en el hospital? ¿Qué hace allí? ¿Le pasó algo?, le pregunté con voz temblorosa y de asustada, mamá no se encuentra bien por eso Rubén la llevó al hospital, pero tranquila que se curará, te lo prometo, me dijo con una sonrisa irónica y a la vez me abrazó, pasamos la tarde esperando a la llamada de Rubén sentadas en el sofá y viendo la televisión estábamos ansiosas y desesperadas hasta que cayo la noche y por fin había llegado  esa llamada de Rubén que tanto esperábamos y nos comunicó que mi madre había fallecido por un tumor al que nosotros no sabíamos nada, mi hermana al enterarse de esa noticia dejó caer el teléfono y se quedó en estado de " shock " y le pregunté que qué pasaba, pero no respondía, cogí el teléfono y  fue mi hermano quien me lo dijo, cuando me enteré me dije a mí misma que las promesas a veces no se cumplen, abrasé a mi hermana con fuerza y las dos comenzamos a llorar.
En el entierro de mi madre, un día lluvioso y negro, era el más emotivo de mi vida y para el de mis hermanos, cada uno leíamos en alto la carta que le habíamos hecho al día siguiente después de que falleciera y cuando habíamos leído nuestras cartas nos abrasamos fuerte en el recuerdo de mi madre que nunca olvidaremos. A partir de ese día tuvimos que vivir y seguir adelante, como hizo mi madre aquél día, en casa de mis abuelos, y cada día que pasaba me acordaba de una frase que nos había dicho a mí y a mis hermanos “valora lo que ahora tienes porque algún día te levantarás y no estará”.

martes, 21 de diciembre de 2010

EL ASESINATO

Haridian Machín Álvarez

Era un sábado como otro cualquiera, yo estaba sola en mi casa ya que mis padres habían ido a recoger a mis hermanos de sus respectivas actividades extraescolares. Como siempre, yo estaba sumida en la música que creaban mis dedos al tocar las teclas de mi querido piano.

Ya era de noche, me resultaba extraño que aún no hubiesen llegado, miré la hora de mi reloj de pulsera. Las agujas marcaban las 9 y media. Miré la calle a través de la ventana que había en la pared a mi izquierda, no se veía ningún Mercedes-Benz azul oscuro aparcando. Aquello era muy extraño, no podían tardar más de una hora. Los sitios no estaban tan lejos.

Fui a la cocina y comencé a prepararme la cena. Cuando ya tenía mi taza con leche y Nesquik y mi sándwich con mantequilla y mermelada me senté en la pequeña y redonda mesa de la cocina.

Las 10 menos cuarto. Ya había cenado, recogido la cocina, guardado las partituras del piano y me encontraba en mi habitación. Había hecho varias llamadas a sus móviles, pero la chica que siempre se escuchaba en el móvil me decía que la conexión era imposible. Estaba bastante preocupada. De pronto tocaron la puerta y yo me alivié. Bajé las escaleras y abrí la puerta con la intención de regañarles a todos por hacerme coger tantos nervios, pero tras la puerta no estaba mi familia, sino dos agentes de policía.

-Buenas tardes, ¿es esta la casa de los Brooks?-me dijo el agente de la derecha. Era un hombre calvo con cejas canosas, bastante bajito y rechoncho.

-Sí agente-los miré preocupada-¿Qué ha pasado?-un mal presentimiento recorrió mi cuerpo, me estaba asustando, y mucho.

-Bueno, traemos malas noticias. Su familia al completo ha fallecido en un accidente de tráfico. ¿Le importaría acompañarnos a comisaría?-dijo el hombre de la izquierda. Éste era alto, rubio, con ojos azules y tenía buena forma física, pero sus rasgos le estropeaban la cara, dejándolo feo. Reí, o más bien solté una risa nerviosa. Tenía que ser una broma.

-El día de los inocentes es dentro de un mes. Hagan el favor de no molestar a la gente con este tipo de bromas pesadas, ¿sí?-dije en tono enfadado. Una parte de mí sabía que decían la verdad y que me había quedado sola, pero otra parte, más grande, no quería aceptarlo de ninguna forma.

-Señorita, esto no es ninguna broma. ¿Nos haría el favor de subir al coche y acompañarnos a comisaría? Tenemos que hacerle unas preguntas. El accidente fue provocado.

Me quedé tan estupefacta al oír aquellas últimas palabras, que cuando me quise dar cuenta, estaba sentada en una incómoda silla frente a una gran mesa de madera. Delante de mí, estaba el agente rubio que había ido a mi casa.

Una hora de interrogatorio después, me llevaron a casa de mi abuela ya que era menor y no podía quedarme sola. En cuanto la puerta se cerró tras de mí, comencé a llorar de forma desconsolada y corrí a la habitación de invitados donde dormiría esa noche.

Desde entonces, sigo llorando, odio los coches y las bombas que los hacen explotar. Además de los sábados.

El mejor viaje de mi vida


Emilio Hernández Aparicio



En el invierno de 2008, mi hermana Carla y yo fuimos de viaje a Madrid(España) para visitar a nuestros primos. El vuelo JSK-1920 con destino a Madrid, salía el día dieciocho de Diciembre a las seis de la tarde. Cuando ese día llegó, yo estaba muy ilusionado. Teníamos todo preparado, las maletas estaban listas y mis padres habían llamado a nuestros primos para avisar de que llegábamos hoy.
A las seis de esa tarde estábamos en el avión con destino a Madrid. Llegamos a las diez y media de la noche porque el vuelo se había retrasado muchísimo y hubieron turbulencias. Recogimos las maletas y tomamos el primer taxi que vimos. Le dijimos que nos llevara a la Calle La fortuna y así fue.
Nos bajamos del taxi y miramos el edificio, que tenía un aspecto de ser viejo. tocamos en la puerta. Abrió un señor con tes oscura y pelo rubio. Gritó por toda la casa que ya habíamos llegado, y de repente empezaron a bajar todos nuestros primos. Mi impresión al verlos fue de alegría. Carlos, el mayor de todos nuestros primos, tenía veinte años. Él era delgado y de piel blanca, con unos ojos marrones y muy grandes. Su boca era pequeña y la nariz larga, pero lo que más me impresiono fue su melena larga y rubia. Silvia, tenía la misma edad que yo. Era alta y delgada, de tes blanca y con una melena larga, lisa y dorada como el sol. Sus ojos azules y su boca grande la hacían toda una belleza. Y por último, Javier de diez años. Era bajo, muy moreno y de pelo oscuro. Sus ojos eran negros y sus labios de color rojizo.Nos presentaron a su mayordomo, el Sr. Smith, un hombre de cuarenta años
Silvia me contó que sus padres estaban en Holanda, por temas de trabajo y no nos iban a poder ver. Nos ensañaron nuestras respectivas habitaciones y nos encerramos como si de allí no fuésemos a salir jamás.

Me tumbé en la cama y me quede dormido. Me desperté por la mañana, con el sonido del despertador. Miré el reloj. Eran nada más y nada menos que las ocho de la mañana. Desayuné, me duché y me vestí. Fui a la habitación de mi hermana y mientras ella hablaba por teléfono, yo inspeccionaba su habitación. Se escuchaba un suave cantar de pájaros. Cuando terminó de hablar, me preguntó:

- ¿Te apetece ir a dar un paseo por las calles de Madrid?

Yo le conteste que sí, pero antes sería mejor decírselo a nuestros primos. Corrí hacia el cuarto de Carlos y le dije que íbamos a ir a dar un paseo por Madrid, y que comíamos fuera.

A las ocho y media, fuimos a un centro comercial de la Calle Fuencarral, a comprar un regalo para nuestros padres. Estuvimos allí hasta la hora de comer y decidimos ir a comer al restaurante chino que había al lado. Sin darnos cuenta, Habíamos pasado toda la mañana en el centro comercial y decidimos ir a dar un paseo por la plaza. Nos sentamos en un banco, y contemplamos el ambiente.
Se me pasaron los días rapidísimos, ya que me encantaba estar en Madrid, y estar con mis primos. El día que ya volvíamos a casa, miré en la agenda la hora a la que salía el avión y empecé a preparar la maleta. El avión sale a las dos Lucía, prepara las maletas. Cuando terminé de preparar las maletas, Lucía ya estaba esperándome en la puerta. Me despedí de Javier y de Carlos. Silvia me dijo que en verano iría a Tenerife a visitarme, me dio su número de teléfono y me besó en la mejilla. Me quedé sorprendido unos minutos y de repente se escuchó el grito de Lucía. Bajé corriendo, nos montamos en el taxi y fuimos rumbo al aeropuerto. Sin duda, ese había sido el mejor invierno de toda mi vida, y el próximo año, volvería a ir.


domingo, 19 de diciembre de 2010

El regalo de mis padres.

Elizabeth Suárez García



El verano pasado mis padres me hicieron el mejor regalo de cumpleaños, viajar a Argentina para conocer a mis padrinos. Ellos tenían el viaje preparado desde hace meses y me querían dar una sorpresa cuando yo cumpliese los quince años.
El dos de julio por fin estaba ya en el aeropuerto esperando para viajar con mi hermana Ana que también tenía mucha ilusión de conocer a sus tíos. Subimos en el avión y rápido nos sentamos en nuestros respectivos lugares, donde la azafata, una chica rubia de ojos azules nos atendió muy bien. Después de un largo viaje, nos bajamos del avión y mi hermana gritó: ¡Por fin hemos llegado! ¡Que ilusión tengo de conocer a los tíos!
Tan pronto como llegamos recogimos las maletas y al salir reconocí a mis padrinos, tal y como mis padres habían dicho. Lucía, mi madrina, morena, alta, de ojos verdes y Pedro, mi padrino, moreno también, un poco más bajo que ella y de ojos marrones. Yo y mi hermana nos acercamos y los saludamos, ellos también nos habían reconocido por unas fotos que mis padres les habían mandado antes de que viajásemos.
Nos llevaron en coche hasta su casa, grande, de dos plantas y muy espaciosa, con un jardín muy grande lleno de árboles y flores. Mi hermana y yo nos alojaríamos en la planta de arriba donde solo había dos habitaciones, un baño y un pequeño salón.
Al día siguiente mis padrinos nos llevaron a mi hermana y a mí a conocer la cuidad de Buenos Aires donde durante las siguientes tres semanas que nos quedaríamos allí la visitábamos casi todos los días con una vecina que tenia mi edad y que nos hicimos muy amigas. Se llamaba Lucía, al igual que mi madrina y era una chica morena, bajita y muy simpática y divertida.
Unos días después viajamos con mis padrinos y en alguna ocasión con nuestra nueva amiga a campos preciosos llenos de flores donde también había algún puesto de comida que nos llegaba para pasar el día fuera, conociéndonos cada vez más. Otro día nos desplazamos a las afueras de la cuidad donde vivía uno de los hijos de mis padrinos. Se llamaba Iván, se parecía mucho a su padre, moreno, de ojos marrones y muy simpático. Pasamos el día en su casa de campo donde vivía con su mujer y su hija de cinco añitos.
Mi hermana se hizo muy amiga de Carla, la hija de Iván y se pasaron los tres días que nos quedamos por allí jugando y divirtiéndose. Cuando volvimos no se querían despedir y Carla se vino unos días para estar más tiempo con nosotras en Buenos Aires.
Tres días antes de irnos fuimos hasta la bolera con mis padrinos, Carla y Lucía. Nos lo pasamos super bien y de camino a casa en coche me fijé en una preciosa fuente que había en medio de la carretera. Al llegar estaban esperando los padres de Carla para llevársela de vuelta a casa.
Los dos días siguientes nos los pasamos recogiendo las cosas y comprando algunos regalos para mis padres. La hora de la despedida llegó y mis padrinos nos acompañaron hasta el aeropuerto donde nos costó mucho marcharnos. Nos esperaba otro largo vuelo hasta España donde ya nos estaban esperando mis padres. Al llegar a casa le enseñamos todas las fotos que nos habíamos sacado y todos los buenos momento que pasamos juntos.
Después de ese viaje llamaba todas las semanas a mis padrinos y cada vez que podíamos mi nueva amiga Lucía y yo nos comunicábamos vía messenger donde también me informaba muchas veces como estaban mis tíos.
Para mi hermana y para mi fue el mejor verano de nuestras vidas y esperábamos ansiosas el siguiente año, ya que mis padres prometieron que volveríamos a viajar a Buenos Aires con ellos el verano que viene.

viernes, 17 de diciembre de 2010

LA CASA DE ENFRENTE

Cathaysa Álvarez Machín


Yo tenía catorce años cuando aquello sucedió. Mis padres habían decidido ir a vivir a un barrio a las afueras de la ciudad, en el invierno de 2009, lejos de todo el mundo, aunque en realidad lo decidió mi padre, que era muy atrevido, planificador y perfeccionista, si algo odiaba era que algo le saliera mal, al contrario de mi madre, que era paciente con todo y todo le parecía bien y casi nunca protestaba como yo y mi hermana sobre sus ideas.Según ellos yo y mi hermana éramos atrevidas (yo más que ella), alegres y un poco gritonas. Yo no era miedosa, bueno, hasta que llegué a aquella calle.

La nueva calle era muy larga y estrecha, con solares llenos de esqueletos de animales y varias tumbas cubiertas de grandes y asquerosas telarañas. Las farolas no eran abundantes y se apagaban y encendían constantemente a lo largo de la noche, acompañadas, por el aullido de los lobos hambrientos que bajaban por la colina de las montañas en busca de qué alimentarse. Pequeños árboles y arbustos se balanceaban de un lado para otro, debido al fuerte viento que les azotaba. A mi en principio no me gustaba, y más con la casa que teniamos enfrente, que parecía un castillo encantado, habitada por una presencia invisible, que está y no está, y que provocaba escalofríos y exhalaba suspiros a todos los que se le acercaban.

Al los pocos días de llegar, mi madre me dijo que fuera a saludar a la vecina de enfrente y aunque me negaba ella insistía. Toqué varias veces y una mujer bastante mayor me abrió la puerta con un gato en el hombro, que salto hacia mi, pudiendo esquivarlo a tiempo. Parecía una mujer misteriosa, para nada agradable. Su cara era gorda y llenas de granos y con una nariz encorvada y vestia unos trapos viejos.Estuve hablando con ella unos minutos hasta que me dio la sensación que le estaba molestando, así que me marché.

Por la noche, oí gritar a una chica y cuando me asomé por la ventana pude ver como la anciana se pelaba con ella, después sentí un fuerte ruido, y al volver a mirar, vi como la anciana la arrastraba por el suelo y la metía en la casa. Por primera vez me asusté y fui corriendo a decírselo a mis padres, pero ellos dormían, así que me armé de valor y salí de mi casa decidida a ver lo que paso realmente con la chica, porque a lo mejor yo había visto mal.Al llegar a la casa, la puerta se abrió sola, y el gato negro de ojos verdes estaba sentado en la escalera, como si me estuviera esperando. Llamé varias veces a la anciana pero no hubo respuesta, así que entré por mi propia cuenta. Al acercarme al gato una trampilla se abrió en mis pies y caí a una especie de sótano muy oscuro. Intenté buscar un interruptor para encender la luz, cuando de repente se encendió como por arte de magia una pequeña bombillita que al instante se apagó, fue entonces cuando sentí como alguien me agarraba del cuello, con manos heladas y temblorosas, que me hizo dar un salto y apartarme de allí en cuestión de segundos, y cuando la bombilla se iluminó de nuevo, pude ver como alrededor mío habían muchos esqueletos, cosa que me hizo gritar del susto y al girarme pude ver a la chica que había visto pelear con la anciana, colgada de los brazos a un andamio del sótano y con un aspecto fúnebre. Entonces un escalofrío recorrió mi cuerpo e intenté huir de allí, pero fue en vano, la anciana apareció entre una neblina, vestida con unos trapos viejos y arrugados de color marrón, con un sombrero agujereado de color negro, y parecía estar enfadada, como cuando alguien busca algo y no lo encuentra. ¡La anciana era un espíritu! Y ahora yo estaba en sus manos.

--Gloria, despierta cariño, es de día—oí decir de lejos.

Al parecer todo había sido un mal sueño, una pesadilla que parecía muy real, pero cuando fui al baño, en el espejo había dibujado una anciana y una chica colgada de los brazos como en el sueño y al lado del espejo estaba mi hermana, con la cara pálida, con ojeras y el pelo alborotado, que era la responsable de esos dibujos. Entonces un chillido de espanto salió de mi boca.

Un Viaje Inolvidable.

Cinthia Guadalupe de León


Hace dos veranos viaje a Francia, me acompañaron mi prima Sandra y mi hermana Briseida. Estuve preparando el viaje a Annecy (Francia) durante meses.
Al fin vi cumplido mi sueño de viajar a aquel lugar cuando mi tía, la madre de Sandra, nos invitó a su casa. Sandra estudiaba derecho en España y hacia tiempo que no veía a su madre, y como cada año, pasaba allí el verano.
Mi prima era de tes blanca, y cabello negro, al igual que su madre, tenía los ojos verdes y una elevada estatura heredada de su padre , pero era tan delgada que tenía un aire de fragilidad que atraía a todo el mundo. Era una persona atrevida, le gustaba conocer nuevos lugares y hablar con la gente, era muy aplicada en sus estudios y por ello había conseguido numerosas becas a diferentes lugares.
Una vez aterrizamos en Annecy, mi hermana empezó a chillar histérica:
-¡Hemos llegado! ¡Por fin estamos aquí!
Yo le dije que se tranquilizara un poco, aunque yo tampoco podía ocultar mi emoción al haber llegado al aeropuerto de Francia.
La casa de mi tía era pequeña pero muy acogedora, tenía tres habitaciones y un gran jardín que daba justamente a una pequeña colina hermosa por su vegetación.
En los dos meses que permanecimos allí hicimos excursiones por la cuidad, también fuimos al lago Annecy que era magnifico por sus aguas limpias y cristalinas, parecía sacado de un cuento de hadas.
Visitábamos la ciudad muy a menudo, me encantaba pasear por sus calles, ver la diversidad de culturas que poblaban los bares, los mercados, las plazas...Yo intentaba practicar mi nefasto francés pero lo único que conseguí en esas visitas fue llenar mi maleta de bellos recuerdos de la cuidad, en una de estas salidas encontramos a un viejo amigo de Sandra que se llamaba Axel, era simpático y tenía un sentido de humor de los más curioso, él nos invito a una fiesta familiar en su casa que celebraba ese fin de semana. Mi hermana sin pensarlo acepto ir con una sonrisa. Ese día lo pasamos genial, bailamos y probamos comida de lo más extraña , eso sí, estaba riquísima.
Un día a mitad de las vacaciones a mi prima se lo ocurrió hacer una excursión en un valle que se encontraba a varias horas de la casa de mi tía, nos contó que cuando era pequeña solía ir con su padre y pasar el fin de semana acampando bajo las estrellas. A mi me pareció una buena idea pero mi hermana no quería ir, por lo que se quedo con mi tía Marcia.
Salimos de madrugada y fuimos en su coche, tardamos varias horas en llegar allí pero mereció la pena, era un lugar remoto, lleno de árboles y con un pequeño riachuelo donde se podía pescar.
Antes de irnos a dormir, Sandra y yo nos sentamos frente al fuego, estábamos conversando cuando oímos un ruido extraño, yo me asuste, pero mi prima mayor siempre valiente, me tranquilizó diciéndome que seguramente serían pequeños animales del bosque, y pensamos que lo mejor era irse a dormir.
Al despertar decidimos volver, pues las verdad las dos seguíamos algo intranquilas. Cuando llegamos al coche, Sandra, no conseguía hacerlo arrancar y se puso muy nerviosa, algo bastante raro en ella. Intentamos no perder la calma y llamamos por el móvil a mi tía Marcia.
Estábamos cansadas, ya habían pasado cinco horas y la ayuda no llegaba, volvimos a oír un extraño ruido, esta vez si nos asustamos las dos. Entonces aparecieron de detrás de un arbusto mi hermana y mi tía, que no paraban de reírse al ver nuestra caras de espanto. Todo quedo siendo una jugada de la imaginación.
Las semanas siguientes pasaron volando, cuando nos dimos cuenta estábamos de nuevo en el aeropuerto esperando por nuestro avión con destino a casa.
En la despedida mi tía nos abrazó efusivamente, cosa que me extraño porque ella era bastante distante y extravagante, pero yo sabía que nos quería, así que sin miedo la abrace fuertemente y me despedí de ella con un beso. Antes de desaparecer con mi hermana por la puerta de embarque la salude con la mano, pero no solo me despedida de ella , sino también de aquella maravillosa Francia. Sin duda aquel fue el mejor verano de mi vida.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Las formas del discurso

Tarea 1. Las formas del discurso
  • Repasa en la Unidad 1 de tu libro de texto lo que has estudiado sobre la narración, la descripción y el diálogo.
Tarea 2. Un relato
  • Repasa el procedimiento que se indica en la unidad 1 para elaborar un relato sobre una experiencia personal.
  • Edita tu relato en un documento Word: abre un documento Word, escribe tu relato, guarda tu trabajo y pon título a tu documento.